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Navidad para los Niños de la Plaza de Dalí en Madrid

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Navidad para los Niños de la Plaza de Dalí en Madrid

Los niños de la Plaza de Dalí están huérfanos y tristes. ¿Por qué? En estos días de Navidad la Plaza era un hervidero de ilusiones y fantasías  para nuestras niñas y niños con la magia de las luces parpadeantes  y ver a sus personajes  de hadas y cuentos moviéndose a su antojo por entre toboganes, trenes, caballitos, coches…  Globos de colores, villancicos de la abuela, magia envolvente que se veía reflejada en  la expresión de sus ojos de sorpresa y las sonrisas enormes de sus caras bonitas. A pesar del frío, la espera, los empujones, la masificación… valía la pena y muy pocos lloraban o se enfadaban. Las madres y padres  parecían estar contentos y satisfechos  a pesar del esfuerzo, la paciencia y las inclemencias del tiempo.

Este año se truncó la felicidad. Adiós a la inocencia y a la libertad de ilusiones y sensaciones infantiles. Como oferta, un búnker hermético, agobiante, poco estético, aséptico y para nada atractivo. Tienes que entrar, cuando te toque y haya función,  en el túnel de los “mayores” que van a tratar de divertirte y sacarte un grito o una sonrisa teledirigida contándote cuentos y aventuras de otros tiempos, de otra época aunque sean para niños. El personaje que te recibe a la puerta no tiene cara de muchos amigos. A la salida desolación, soledad. No hay luces multicolores ni canciones para niños. Ni una sola ovejita o un castillo. Ni un Belén con niños… Solo frío, noche desapacible, personas mayores que van y vienen ajenos por completo a lo que pasa dentro de las mentes expectantes de unos niños que no saben a dónde ir ni qué hacer. Y sus padres o familiares, abuelos incluidos… utilizando todas las estrategias posibles para aguantar el chaparrón y estar a la altura de inventiva, o tararear alguna canción de Navidad y cautivar a los pequeños que esperan todo.

Esta Navidad a las niñas y niños de la Plaza de Dalí los han quitado parte de sus sueños y están huérfanos del Espíritu de la Navidad.  Reivindico sus derechos a divertirse, disfrutar y sonreír.  Estoy a favor de sus ilusiones y fantasías. No creo que sea por cuestiones económicas. No marchiten la ilusión y esperanza de unos seres humanos que están empezando a vivir dentro de la gran urbe que impersonaliza todo. Esto no hace daño;  al contrario, les ayuda a volar, bailar, cantar, saltar, soñar en estos Días de Navidad.

Vitaliano de la Cruz

Avd. Felipe II, Plaza de Dalí, Madrid

Navidad 2015

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Navidad

Feliz Navidad y todo lo mejor para el Año Nuevo.

Seguro que encajas en alguno de los versos de mis poemas dedicados a estas fiestas entrañables, los sientes y compartes con tus seres queridos.

Que no te falte una sonrisa, cariño, un beso, un fuerte abrazo en estos Días de Navidad.

Vitaliano

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Peces con la boca roja y la boca negra – Cuento de Vitaliano de la Cruz

Peces con la boca roja y la boca negra
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Hoy la mar está tranquila, en calma. El agua pura, cristalina, transparente, me mece placenteramente haciéndome relajar y echar a un lado los inevitables problemas cotidianos que se disipan en un instante con el ir y venir de las lentas olas, casi imperceptibles por la tranquilidad y el remanso marino. Estoy boca arriba, con los ojos cerrados pero mirando al cielo. Me gusta sentir la suave brisa en mi frente, me anima, es reconstituyente. De ese modo, pensando sin pensar, dejando pasar el tiempo, disfrutando del momento, me pongo boca abajo y abro los ojos para contemplar el fondo del mar y la transparencia del agua burbujeante formando múltiples figuras que parecen como estrellas refulgentes en un multicolor caleidoscopio de partículas en suspensión, envolvente y embriagador. Casi nunca veo pececillos juguetones porque me quedo cerca de la orilla por seguridad y por miedo, ¡que lo vamos a hacer! Esta vez me pongo a mirar detenidamente y contemplo un revuelo inusual debajo de mí. Era un bando de peces bastante numeroso, osados, no muy grandes pero muy unidos, casi pegados, nadando en círculo, muy determinados a entablar conversación y rozarse conmigo. Lo noté al instante porque no estaban temerosos; al contrario, buscaban mi confianza, acariciaban con sus pequeñas aletas mis manos y pies haciendo filigranas por todo mi cuerpo. Me hacían cosquillas y me daban pequeños bocaditos agradables. Seguí su juego ingenuo e intentaba cogerlos pero se resbalaban suavemente por entre mis dedos. Eran muchos y me invadían por todas partes, nunca tuve miedo. Seguimos jugueteando al ritmo del mar y el cielo, sorprendido por la inesperada compañía de mis amigos los peces.
De repente algo extraño turbó mi sosiego. Veo cómo del fondo reposado del lecho marino emergen cuatro peces un poco más grandes y vienen directos hacia mi cara, frente a frente; era obvio que querían que los contemplase, que me percatara bien a las claras de su circunstancia que había pasado desapercibida para mí hasta ese momento. Con esos ojos saltones, desorbitados, y su movimiento nervioso, atrajeron mi mirada a sus bocas y me asusté al verlos. Dos tenían la boca de color rojo y los otros dos de color negro. Permanecimos así durante unos minutos tensos, en silencio, mirándonos fijamente, sin hacer ningún movimiento.
Decidí entablar conversación con ellos.
– ¿Qué os pasa? ¿Por qué tenéis las bocas de esos colores?
Ellos continuaban mirándome sin inmutarse aunque fue cambiándoles el semblante y sus ojos parecían como tristes y serios. “Será mi imaginación”, pensé para mí. “Déjate de cuentos, mira que ponerte a hablar con los peces…”
No cambié la vista, me intrigaba mucho esa conversación no verbal pero con mucho sentimiento que existía entre nosotros. De pronto oigo la voz de uno de ellos, uno de la boca roja.
– Nosotros también estamos sorprendidos de que nuestras bocas se hayan vuelto negras y rojas.
– Será por algún alga o hierbas marinas que hayáis comido, recalqué yo.
– No, no puede ser eso pues siempre nos hemos alimentado del mismo modo y nunca ha pasado esto.
– ¿De dónde venís pues es la primera vez que os veo por aquí?
– No venimos de muy lejos, aunque el mar Mediterráneo es inmenso, las corrientes nos llevan y traen de una costa a otra en poco tiempo y además somos muy veloces y estamos en plena forma.
– Pues no me lo explico. ¿Qué puede haber sucedido?
– Algo horrible, comentó veloz, el pez de la boca negra.
– Hace unos días, estábamos haciendo nuestro recorrido habitual, dando bandazos, disfrutando de nuestro hábitat y el mar eterno, cuando nos vimos envueltos en un enorme remolino de cuerpos extraños, medio desnudos, amontonados; no eran como nosotros, apenas podían sostenerse en el agua, ni agitar las manos y los pies, eran muy torpes, seguro que estaban fatigados y desfallecidos. Nos vimos invadidos y no sabíamos para dónde tirar. Entretejimos como una bolsa gigantesca y resistente con nuestras delicadas pieles y cuerpos e intentamos retener su peso para que no se hundieran y pudieran flotar. Así pasamos horas y horas, exhaustos, al límite de nuestras fuerzas; con nuestras bocas empujábamos todos a una para sacarlos a la superficie. Mordíamos ansiosos para reanimarlos, apretábamos las colas, emitíamos desesperados gritos de socorro y ayuda. Finalmente caímos rendidos. Todo nuestro esfuerzo había sido en balde pues la mayor parte de los cuerpos sin vida se desplomaron al profundo abismo, escoltados por un numeroso grupo de peces alevines cuyo lamento se podía oír hasta en el infinito; otros flotaban inertes al compás de las caprichosas olas y unos pocos fueron rescatados con unas peligrosas redes y otros artilugios raros y desconocidos. Una vez finalizada la gran tragedia, nuestro bando desapareció de aquel lugar maldito entre amasijos de cuerpos negros desgarrados, niños, grandes, mujeres, chicos, el azul del mar teñido de una gran mancha de rojo sangre y un olor a putrefacción, miseria, desesperación y olvido.
– Fuisteis muy valientes y solidarios, comenté.
– Era nuestro deber a pesar de que fuesen unos intrusos e invadieran nuestro entorno natural. Seguro que ese no era el suyo, porque no pudieron defenderse y sobrevivir, murieron atrapados, hacinados, gritando extenuados al cielo, sin agua ni alimentos, abandonados de su buena estrella…
– ¿Comprendes ahora el color de nuestras bocas?, preguntó el otro pez con la boca roja.
– No del todo, pero lo intuyo.
– Tienes razón. Fue tanto nuestro esfuerzo por intentar salvarlos que nuestras bocas quedaron impregnadas de su color para siempre; unos con el color negro de su piel y otros con el color rojo de su sangre. Estamos orgullosos de ello y ese estigma nunca desaparecerá de nuestra especie.
– ¿Te podemos pedir un deseo? Se anticipó a pedírmelo el otro pez con la boca negra.
– Por supuesto, respondí.
– Nadábamos desesperados por nuestro querido mar, lamentándonos, inquietos, tristes, rendidos… Cuando te divisamos en la distancia, nos percatamos de que nos podías escuchar y de paso transmitir al mundo de los humanos nuestra frustración y nuestro grito de justicia y libertad. Nos diste confianza y nos acercamos a contarte nuestro secreto a voces. Hay que parar el tráfico de seres humanos en esos barcos y balsas sin retorno, vidas sin poder vivir, que no mueran y se ahoguen más en nuestro mar. Igual que aquí en nuestra balsa mediterránea hay un sitio para todos, también en vuestra tierra habrá un lugar digno para ellos. No nos gustaría tener las bocas rojas o negras, pero siempre estaremos dispuestos a ayudar y salvar a todos los que atraviesan el Mar de la Esperanza.
Me di la vuelta y me puse boca arriba. Aparecieron unas nubes espontáneas, lechosas, apenas perceptibles que me protegían del penetrante sol de mediodía. Miré hacia el cielo y no pude dejar de llorar y rezar durante mucho tiempo.
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En memoria de todos esos seres anónimos con sus sueños rotos, que desaparecen diariamente en el Mar de la Muerte, Mar de los desamparados, Mar de la Nada.
Vitaliano de la Cruz

La mano de Casillas

#CasillasForever!

Vitaliano de la Cruz

La mano de Casillas

Esa mano fuerte, tensa, intuitiva, certera que tantas veces ha desviado el balón de una forma inverosímil, ese esférico malintencionado, resbaladizo que se quiere colar en la portería y lo aleja por un centímetro, como un suspiro… en esta ocasión fue frágil, como de cristal, indefensa y se rompió en pedazos, inesperadamente, entre un bosque de piernas acaloradas, nervudas, violentas que se tropiezan, enganchan cuando están al límite, en uno de esos revuelos en el área, despistado, nervioso, aturdido… la mano flota en el aire y queda  gravemente violentada y herida entre gritos, dolores y gestos muy expresivos de resignación… “me han partido”.

Se notaba frialdad y tensión en los rostros de contrarios, árbitro y compañeros de equipo. Imágenes hieráticas  a través de la televisión, ni una palmada, ni un cerco de compañeros, amigos… No se puede parar el tiempo ni se escuchó un “vamos que…

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Xavi, El Gran Capitán

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Este es mi humilde y sincero homenaje a Xavi Hernández, jugador del FC Barcelona por todo lo que ha significado para el deporte nacional e internacional en su dilatada trayectoria como futbolista plagada de grandes éxitos deportivos y ejemplo permanente de buena persona tanto en el terreno de juego como  fuera de él. Sabio, inteligente, compañero, solidario, juego limpio, respeto, ambición, reservado, disciplinado, líder, responsable, hogareño… estas son unas pocas palabras entre otras muchas más que le avalan, para definir generosamente a todo un caballero del barcelonismo, del saber estar y del deporte mundial. ¡Honor y gloria por siempre al Gran Capitán, Xavi Hernández!

Aquí está la carta completa que escribí en mi novela “Cartas de amor a mi madre” con  Xavi y los éxitos de su club y afición como inspiración. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

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De mi novela “Cartas de amor a mi madre” Vitaliano de la Cruz

Otra celebración más, un nuevo campeonato de liga, ¡qué buenos somos! Son imparables, ese Xavi… está para comérselo. ¡Visca el Barça!

Me tocaría nacer finalizando el invierno cuando los días ya son más largos y podemos disfrutar de momentos de playa y sol estupendos en nuestra Barceloneta tranquila y cálida;  los  paseos por las Ramblas, bajo los árboles con sus hojas tiernas, incipientes junto con esa brisa agradable proveniente del mar y mezclándote entre las gentes de distintas nacionalidades, razas y culturas, son muy reconfortantes. ¡Qué agradable es pasear por Barcelona!

¡Somos los mejores! ¡Vaya forma de jugar, arrasamos! Son magníficos… ese Guardiola, Messi, bueno, todos… Ningún equipo puede con nosotros a ver si culminamos la temporada con otra Copa de Europa más, aunque es difícil repetir con los equipos tan competitivos que hay por toda Europa, pero podemos con todos. ¡Campeones, campeones…! Se me están olvidando las veces que hemos ido a las Ramblas a celebrar nuestros éxitos… Soy una forofa acérrima, me encanta el fútbol y sobre todo el Barça que es más que un club, el mejor equipo del mundo. ¡Qué grande!

Nada más acabar el partido después de ganar el título correspondiente al instante y de una forma espontánea nos mandamos SMS y allí aparecemos todos ataviados con nuestras bufandas blaugrana, las camisetas con el valioso escudo tantas veces besado y querido, la mía es la de Xavi, me encanta ese jugador, es un cerebro y tan buena persona… Es un amor.

Trompetas, tambores, canciones, banderas, no falta de nada y sobre todo la ilusión que tenemos por nuestros colores, nos abrazamos, gritamos, lloramos de alegría y satisfacción: otro objetivo conseguido, otra meta alcanzada, no nos para nadie, vamos a ser los mejores, lo somos, ¡Barça, Barça, Baaar…ça!

No te puedes imaginar lo cansada que estoy, apenas me tengo de pie. Abrázame que me caigo. Me mareo. Anda,  Toma otro trago, vozka con naranja ya verás que bien te sienta, vamos bebe, toma, bebe, bebe…

Como pudieron y con más dificultades de las previstas, me arrastraron hasta mi casa a altas horas de la noche. La luna rielaba en la lontananza sobre las aguas en reposo y la silueta del puerto de Barcelona con sus gigantescos edificios ultramodernos relucía enigmática durante el lento amanecer ante un mar tranquilo y plateado.

El mar no habla, se calla sigiloso, oculta lo que pasó, se calma, reposa, no quiere ser cómplice de las acciones humanas, a veces turbias y malsanas… Si solo estábamos celebrando el triunfo del Barça, ¿por qué tuvieron que romper tu hogar, Princesa de Canaletas? Sencilla, inocente, apasionada mujer de ideales justos, altos, fuerte, reina de la alegría, adorable pequeña perla de aguas claras…

Pasó la euforia y llegó la cruda realidad. “Eso es lo que hay cariño, sí, lo estás”, le dice su ginecólogo.

  • ¿Y no recuerdas quién fue? ¿Fue tu novio Jordi? Piénsalo, haz memoria, no me digas, pequeña…
  • No sé, perdí el control. No recuerdo absolutamente nada, ¿qué hacemos?

Quiero hablar con mi madre, dije.

  • Vale, os dejo a solas, llamadme luego.

… … …

  • Mamá, ¿por qué me ha tenido que tocar a mí? Con todos los proyectos que tenía con Jordi, ahora me repudiará y además no estamos preparados para tener un hijo.
  • Hija, cuenta conmigo, yo te lo cuido. Por mí estoy encantada y lo haría gustosamente.
  • Deja, mamá. Es mi decisión, es mi hijo, mi tesoro pero ahora no lo quiero. No puedo, me destroza la vida, me siento incapaz, no estoy preparada.
  • Lo que tú digas hacemos…

El doctor hizo el resto. Al salir de la consulta había una leve brisa que acariciaba su frente sudorosa y sus ojos llorosos manaban lágrimas de un fracaso consumado. Hasta las  desafiantes torres de la Sagrada Familia se retorcían de dolor al pasar ella en dirección a ninguna parte por la calle desierta de los sueños.

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Querida mamá:

Te escribo en la cima de mi carrera profesional. Soy un portento, sí, soy Xavi, de la sección de España, del Barcelona… Ahora todo son parabienes, felicitaciones, reconocimiento: es un jugador con mucho talento, humilde, trabajador… Soy el novio ideal que todas las madres quisieran para sus hijas… Soy guapo, todo el mundo habla de mis ojos, de mi expresión…Me ruborizo. Claro que me lo creo, pero con los pies en el suelo. Nadie me ha regalado nada, me lo he ganado a pulso, yo solo a base de mucho tesón y esfuerzo. De pequeño tenía un montón de complejos, que si no crecía, que si era muy enclenque. Fui haciéndome fuerte tanto física como mentalmente. Trabajé duro, muchas veces hasta le extenuación, nadie lo sabe. Desde un principio vieron talento y cualidades en mi forma de concebir el juego, me ponían de organizador, nunca de capitán, aunque de algún modo lo soy, pero prefiero mi parcela, ser responsable de mi zona, de dar mis pases a veces inverosímiles, precisos y preciosos, que son los que los aficionados aprecian a rabiar. Si te soy sincero, para mí son mucho más importantes los que doy rutinariamente a mis compañeros, los desmarques, el apoyo, me ofrezco a ellos y recurren a mí porque todos juntos vamos buscando un mismo objetivo, marcar el gol y ganar los partidos para ser campeones de nuestros proyectos. Soy muy respetuoso con los adversarios y a pesar de que casi siempre pierden los partidos, no pasa nada, me abrazan, me felicitan, me siento muy querido y feliz. No creas que lo exteriorizo mucho, en las fotos casi siempre aparezco serio, distante y muy concentrado. Prefiero disfrutarlo para mis adentros, con los míos, mi novia, mi equipo, entrenador, aficionados… ¡Quién iba a pensar en todos estos éxitos! Aquel renacuajo de pocas carnes, pero con mucho talento.

Claro que te recuerdo y te quiero mucho a pesar de que tengo que imaginarte, pero no me quedo corto. Te pongo como la madre más guapa del mundo: ojos de miel marrones claros y pelo ondulado moreno intenso; preciosa, fantástica.

Estoy seguro de que te encanta el fútbol y de que eres socia del Barça. ¡Cuántas celebraciones por las Ramblas, Canaletas, Plaza de Catalunya, Plaza de España!, ¿te acuerdas?  Madre forofa, siempre fiel a tus colores, ¡cuánto te echo de menos! Tuve y tengo momentos bajos como todo el mundo y te cuento un secreto. Guardo muy sigilosamente en mi mesita de noche una foto que me dieron unos aficionados. Había un grupo de jóvenes, chicos y chicas totalmente entregados, sonrisas abiertas, caras de satisfacción con los colores azulgranas. Hay una chica que la tengo redondeada con un marcador fosforito amarillo y verde, estoy seguro de que eres tú. Cuando estoy solo la pongo debajo de la almohada y lloro en silencio. Me surcan lágrimas de gratitud, de recuerdo porque me falta alguien que no tengo y necesito. Me faltas tú, mamá, princesa de la Barceloneta, tan bella, entusiasta y buena persona… Te lo digo con toda la sinceridad del mundo, mira que no me falta de nada, que estoy en la cumbre y con los mayores éxitos jamás conseguidos, pero lo cambiaría todo por poder darte un beso y abrazarte, recostarme en tu regazo y sentir tus caricias y besos de madre.

Mamá, te quiero mucho.

Un gran besote, ¡campeona!

Xavi.

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Iribar: Impresiones de un encuentro soñado

Iribar: Impresiones de un encuentro soñado.

 La Catedral de los sueños

Sábado por la mañana, apenas  había pasajeros en el metro. Tuve suerte y el convoy llegó sin tardanza,  no me llevó mucho tiempo arribar a la estación de destino, Herrera Oria, a pesar de estar un poco distante del centro de Madrid. Un corto paseo y me presenté delante del Hotel Mirasierra Sheraton lugar de concentración del Athletic de Bilbao que esa tarde se enfrentaba al Atlético de Madrid. Ya había concertado la entrevista con Iribar previamente, a través de Xabier  (jefe de prensa  generoso  y eficiente del Athletic), que con amabilidad me dijo que a las once de la mañana  me recibiría. Como llegué ´demasiado temprano, estuve paseando durante unos minutos por las calles adyacentes al hotel mientras pensaba ilusionado y tranquilo en ese momento tan emocionante para mí; iba a conocer personalmente a mi ídolo futbolístico de toda la vida: Iribar.

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Con una puntualidad anglosajona, sobrio, erguido y sereno, José Ángel apareció en el vestíbulo central del hotel y al instante nuestras miradas se cruzaron con interés y nos identificamos mutuamente.  Intercambiamos saludos protocolarios de presentación, de sorpresa, de desconocimiento pero rápidamente entramos de lleno en la magia de la conversación y diálogo entre personas que tienen un lenguaje común. Le expliqué el motivo e interés de mi cita. Desafortunadamente, no sabía nada en absoluto, de la existencia de mi novela y lo que  había significado en mi vida deportiva  en la persecución de mi sueño tratando de emularlo y convertirme en portero de fútbol como él. Mostró interés y curiosidad desde el principio y seguía atentamente mis comentarios y explicaciones. Intercambiamos impresiones, pareceres, puntos de vista…  Parecía como si nos conociéramos de toda la vida, hablando de lo nuestro, de nuestra área, del puesto de guardameta. “Los porteros somos especiales”, recalcó con un sincero reconocimiento y ahí nos entretuvimos comentando la gran responsabilidad que impone la portería tanto en el plano personal como del equipo.  Poco a poco le fui contando escuetamente cómo fue creciendo en mí ese sueño, la ilusión de parecerme a Iribar, mi ídolo de la infancia y le comenté, como narro en la novela, el momento sublime de actuar bajo los tres palos en San Mamés, La Catedral. Le insistí en que lo leyera, que no le iba a dejar indiferente. Noté que se emocionaba y estoy seguro que le vinieron a la mente muchos momentos gloriosos y un recuerdo imborrable de lo que fue, “El Chopo”, el mítico gran Iribar. Continuamos charlando de una forma distendida sobre el nuevo San Mamés, de las nuevas generaciones de jugadores, de Lezama donde han instalado, muy bien por cierto, el inolvidable arco, para mí el ojo mágico de una diosa ancestral… “Llevo aquí 52 años, esto es como mi casa”, se sinceró. Hubo un silencio cómplice de aprobación y compañerismo y rápidamente pasamos a posar en una fotografía para la historia con Iraola, jugador del Athletic, como autor y testigo.

Otro sueño hecho realidad. Estar al lado de la persona que había influido tanto en mi vida, mi espejo y referencia, había colmado mi gran ilusión. Me sentí feliz y agradecido y creo que para Iribar también significó un soplo fresco de brisa juvenil y aroma añejo de grandes gestas y recuerdos. Fue como volver a respirar el olor penetrante de aquella hierba recién cortada del césped de San Mamés que amortiguaba suavemente nuestras caídas después de volar por el cielo mágico e infinito de La Catedral de nuestros sueños. Memorable encuentro. Muchas gracias. J. A. Iribar.

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Himno del Club Deportivo Lugo SAD – Autor: Vitaliano de la Cruz

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Todo lo que me inspiró para componer el Himno al CD Lugo

En primer lugar, la música celta con las gaitas, sonidos y estilos característicos de la idiosincrasia e identidad gallega: muñeira, pandeirada, canciones marineras, corales…

Luego me centré en la ciudad de Lugo, destacando algunos de sus emblemas imperecederos como son la muralla romana y el río Miño. Fuerza y fortaleza y fuente de energía y vida. Me traslado a la época romana de Lucus Augusti con miles de ciudadanos lucenses acudiendo al circo ancestral para ver vencer a sus guerreros, disfrutar del espectáculo y vitorear a sus gladiadores de la eternidad. El pueblo unido, entusiasmado, contemplando el triunfo de su equipo.

Papel fundamental el de los jugadores a los que llamo guerreros y gladiadores dispuestos a luchar y defender con garra y fuerza hasta el final sus colores y a su equipo, protegidos siempre por esa muralla firme e inexpugnable para conseguir la victoria. Pasión, entrega, dedicación, sentimiento y amor a sus colores rojiblancos.

Finalmente, la afición es imprescindible en un equipo de fútbol y sin su ánimo, colaboración y empuje, pocos éxitos se pueden lograr. Así que, me centré en toda la afición, en el estribillo del himno, para que canten y animen a su equipo hasta la extenuación. Primero, reafirmándose de que son del CD Lugo, insuflando fuerza, entusiasmo y energía positiva y utilizando todas las armas cantoras e instrumentos permitidos para llevar a su equipo en volandas hasta la consecución de la victoria. Peñas, palmas, bufandas, percusión, voces altas, bajas, coros…  gritos de esperanza, ilusión, alegría, gozo por ver ganar a su “Luguiño” querido en o Anxo Carro de sus amores.

Estos fueron los ingredientes que me inspiraron para componer esta suculenta tarta rojiblanca repleta de sabores y sensaciones deliciosas, llena de sorpresas agradables y de satisfacción por ver a un club,  a sus jugadores, técnicos y afición siempre unidos y cantando felices y alegres por una maravillosa causa común: El éxito del Club Deportivo Lugo.

Vitaliano de la Cruz

 

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                                   Letra del Himno al Club Deportivo Lugo

                                                          ” Son do Lugo “

Conta a lenda que un bo día

Viron ondear na cidade

Brancas e vermellas as bandeiras

Inundando o circo ancestral.

A muralla protexía os seus guerreiros

Prestos a loitar ata o final

Defendendo a unha as súas cores,

Vermello e branco, azul triunfal.

Lugo, Lugo, Lugo, e… a…

Son do Lugo, non o nego

¡Pon a túa man, compañeiro!

A bufanda na túa fronte

¡esas palmas e o pandeiro!

¡E imos gañar, si!

¡E imos triunfar, si!

¡E imos cantar!

Lugo, Lugo, Lugo, e – Lugo, Lugo, Lugo, a

Lugo, Lugo, Lugo e, oe, oe, oe, oa.

Orgullosos portan o noso escudo

Gladiadores da eternidade.

Río Miño das fontes da vida

Sáciaos de forza natural.

Son lucense alegre e decidido

A miña paixón e soño é ver gañar

Ao meu Lugo eterno e querido

           O Anxo Carro é o noso lar.              

(Letra y música Vitaliano de la Cruz)

vi Tuve el honor de defender los colores rojiblancos durante dos temporadas 76-77 y 77-78 cuando ascendimos por primera vez a 2ªB. Soy Vita, el portero.